
Los desprendimientos en la ladera de un barranco, a causa de las lluvias, amenazan la integridad de parte del casco urbano de Benillup, tal como se ve en la foto tomada ayer. La situación causa preocupación entre los vecinos, que ven como sus casas han quedado a solo diez metros del abismo. Esta localidad pedirá zona catastrófica por el temporal. En año y medio ha hecho esta petición en otras dos ocasiones por daños en la agricultura.
REPORTAJE. LOS EFECTOS DE LAS LLUVIAS
Asomados al precipicio
M. VILAPLANA
Los desprendimientos registrados en la ladera de un barranco a causa del reciente temporal amenazan la integridad de diez casas de Benillup.
Los desprendimientos en la ladera del barranco de Caraita a causa del último temporal amenazan la integridad de diez casas de Benillup. La situación ha provocado preocupación entre los vecinos, que ven cómo sus inmuebles están a apenas diez metros del abismo. Las adversidades meteorológicas parecen haberse cebado con este pequeño municipio de El Comtat, que pedirá por tercera vez en año y medio la declaración de zona catastrófica.
Benillup, con 97 habitantes censados, es la segunda población más pequeña de la provincia, por detrás de Tollos. Situada al pie de la sierra de Almudaina, y con una orografía muy escarpada, se encuentra asentada entre los barrancos de el Sofre y Caraita, afluentes del río Serpis.
Ha sido en el barranco de Caraita, tal y como avanzaba ayer este diario, donde se han producido unos importantes desprendimientos que han puesto en situación de riesgo a diez casas. Los 495 litros de agua por metro cuadrado registrados en el temporal de lluvias han generado importantes arrastres de tierras, que han acercado un poco más el barranco al casco urbano.
El alcalde, Jesús Martínez, señala que la situación no es nueva, pero que empeora con la llegada de cada nuevo temporal. «Son diez las casas afectadas, lo cual es un porcentaje muy amplio si se tiene en cuenta que en el pueblo hay 44», destaca.
Los bancales delanteros de algunas de estas casas ya se encuentran al borde del abismo, y algunas vallas amenazan con caer al fondo. Una de las vecinas afectadas recuerda que «hace 40 años el barranco se encontraba a una distancia de 50 metros en relación a la casa, y en estos momentos apenas hay 10».
El alcalde señala que el Ayuntamiento ha venido contactando en los últimos años con organismos como la Confederación Hidrográfica del Júcar para intentar buscar una solución al problema, y que ahora se ha hecho lo propio con la Diputación, cuyos técnicos visitarán la zona en los próximos días. «No sé cual es el organismo que se tiene que hacer cargo del tema, pero lo que está claro es que hay que adoptar alguna medida que evite esta paulatina degradación. Nuestro temor reside ahora en lo que pueda ocurrir cuando las tierras se sequen o en el momento en que llegue otro episodio de lluvias intensas como éste».
La corporación municipal tiene previsto celebrar en breve una reunión con los vecinos afectados, con el objetivo de estudiar la situación.
Pero ésta no ha sido la única consecuencia del temporal. Las precipitaciones han dejado un rastro de destrozos en todo el término municipal, sobre todo en caminos rurales y márgenes. Este es el motivo por el que, según indica la concejala María Jesús Doménech, el Ayuntamiento va a cursar la solicitud de declaración de zona catastrófica, y ya van tres en apenas año y medio.
La primera ocasión fue como consecuencia de la tromba de granizo que hace dos veranos arrasó por completo las cosechas agrícolas de la zona, y la segunda por las heladas que a principios de este año dejaban bajo mínimos la producción de aceitunas. «Hasta el momento -señala María Jesús- no hemos tenido éxito en nuestras solicitudes, pero vamos a volver a intentarlo, porque los daños son muy elevados y estos últimos meses han sido muy duros para la gente que vive como puede de la agricultura».
